jueves, 19 de marzo de 2015

Sueños etcétera

   Pero saltémonos el cacho fractal de todo esto, que por ser o al menos parecer onírico puede conducirnos si no a la locura si a ninguna parte. 




   Termino mal que bien regresando a mi lugar de trabajo donde no hay hueco para mí y antes he atravesado una larga sala de compañeros amarrados a sus puestos y mi jefe no eres tú ni nadie que yo conozca y me encuentro incómodo sin encontrar mi sitio pero aparece el mismo u otro malencarado con el que volver a bajar a fumar, perdiéndome por el camino de regreso al mismo lío. Todo esto casi sin respirar.

   No son muy fructíferas mis mañanas profesionales, por las noches, como verás. Casi como las tardes marzales, por poner un ejemplo.

   Y hay más batiburrillos con el bajar, esta vez por las escaleras, y el subir, por otro ascensor inquietante, estrecho y hasta diría que mugriento. O eso solo lo he soñado. 

   Ni se sabe cómo, llega la hora de la salida. Y sí, también entonces se dan más problemas con la tarjeta y Loli y el querer salir por donde no es.

   Y es entonces y solo entonces cuando empieza el sueño que quería contarte. Que ya tenía yo ganas.












miércoles, 18 de marzo de 2015

Sueños varios relacionados (cont.)

   ¿Cómo soluciono el problema de no saber entrar de nuevo en el edificio donde trabajo? Aquí las alternativas son variadas, dependiendo de la noche. 

   Lo normal es que intente alcanzar la puerta principal pero esos días me suelo perder más, en otros sueños que nada tienen que ver con este.




   Otras veces ocurre que, bien porque me lo diga algún paseante al que haya inquirido, bien por descubrirlo por casualidad, encuentro un portalito que justo antes no estaba, o no había caído yo en su cuenta, estrecho y oscuro (algún día tiene forma de cabina de fotomatón). Allí, casi al tacto, me topo con la puerta de un ascensor igual de estrecho e igual de oscuro. A veces subo con un matrimonio mayor, ella muy afectada, él suplicando perdón por el comportamiento de su esposa. 

   Y aquí ocurre que tengo los mismos problemas de ubicación que al principio del sueño, con lo que este adquiere forma de bucle de difícil escapatoria.











martes, 17 de marzo de 2015

Sueños 3, 21, 34... continuación

   Todos mis compañeros, además, en esa zona, se muestran afanosos como nunca los he visto, y no me prestan la más mínima atención. Las mesas están cubiertas de planos desenroscados, que examinan en busca de algún enigma, lo cual también me provoca una rara sensación. ¿Planos?



   Como Dios aprieta pero no ahoga, cuando mi aguante está a punto de agotarse, aparece por allí un presunto conocido. Y digo presunto, imaginarás, porque a mí esa persona no me suena de nada. Y encima tiene en el rostro marcada la malicia. En la mirada, qué sé yo. En el espejo del alma. Pero como allí tampoco pinto yo nada, acepto su invitación de bajar a la calle, a echar un cigarro. 

   Como esto se repite sueño a sueño, da lugar a más y más equívocos. Ya que cada día aparecemos en un paisaje distinto por más que todos están justo-justo en las traseras del edificio, en su punto nordeste. 

   Mi presunto conocido me informa, a los pocos minutos, que tiene que hacer un recado. Esto pasa todos los días aunque los recados son diferentes y todos bastante peregrinos. Y aquí llega el momento en el que, terminada la última calada, me pasa que no sé regresar otra vez al edificio.     



   










lunes, 16 de marzo de 2015

Sueño recurrente (siguiente capítulo)

   Termino llegando, mal que bien, a mi despacho. Peor que mal ya que es mi despacho y no lo es, está mi jefe pero no eres tú sino otro que encima no te sustituye a ti sino a otro antiguo jefe. También es una faena porque para llegar tengo que atravesar un amplio habitáculo donde permanecen encadenados a sus mesas mis antiguos compañeros. No todos. Solo están los que no me apetece un rábano saludar. Además, por encontrarse amarrados supongo, lucen un humor de los mil diablos.  A mis preguntas contestan con indicaciones confusas y poco aclaratorias. Cuando llego a mi lugar, que se encuentra al final de la larga pieza, es como que no llego ya que ha cambiado del todo el diseño de mesas y archivadores y donde estaba la mía ya no está. Los intentos por ubicarme no dan frutos. Y para mi ánimo esa situación es pésima. Estar en tu trabajo sin encontrar el lugar en tu trabajo.











viernes, 13 de marzo de 2015

Sueños 3, 21, 34, 51, 55... (sueño recurrente)

   Te he de contar el sueño ese tan recurrente, con algún detalle más, por ser cuestiones significativas si lo que quieres es comprender los laberintos de mi interior. Nada menos. 

   En fin. Se trata de que voy a currar, por la mañana. Creo recordar que la noche anterior ha sido larga y mi estado muy mejorable. Aún no ha amanecido. Casi siempre voy con alguien. Aunque no todas las veces. Eso sí, impepinablemente voy como con prisa. 

   Como impepinablemente el edificio es el mismo, noche tras noche. Un cruce  entre college británico y la masión de los Monster. Mole a la que se llega por una imponente escalinata. Los accesos son acristalados, de puertas correderas y automáticas. La garita de seguridad, del mismo material, se encuentra a la izquierda. Loli es la que suele atender. Rubén nunca. Algunas noches he tenido serios problemas para entrar. La tarjeta, que no me funcionaba o algo por el estilo. Las mañanas varían cada noche, eso sí. Aunque siempre con líos. Líos absurdos y recurrentes como el propio sueño. 

   Algún día, el interior es de parecida estructura al instituto de mi feliz adolescencia,  pero con añadidos que me despistan. Donde debía estar la sala de profesores hay una capilla enorme, de nogales, que también debe de usarse para las votaciones y otros actos solemnes. Siempre la he visto vacía. Si me empeño en dirigirme a mi despacho por ese camino, que no es el natural, termino perdido. En pasillos de interminables puertas que abro al azar con variopintos resultados. A menudo llego a lo que parece ser el despacho de los jefes. Las secretarias me preguntan por mis intenciones y tengo que improvisar algún cuento. Otras veces, tras la puerta están los de económicos. Solo reconozco a Meli y a Jesús. Pero hay más. Es un despacho angosto, mal iluminado, con varias alturas. Muy poco funcional, he de decirte. Es como montar un oficina en una escalera de caracol. Me da pena que estén trabajando allí.










jueves, 12 de marzo de 2015

Sueños 3, 21, 34, 51... (frequentissima somnium)

   Pues sí, llevo una temporada tirando a larga con un sueño pero que muy recurrente. Tiene que ver con que pierdo el coche. No lo encuentro. Por más que busque. 

   Yo también he pensado que pueda deberse a los problemillas que últimamente he tenido con él. Simples problemillas pero bastante complicados de resolver. Y eso, a mí, me pone muy nervioso. 

   Pero también he pensado que ese sueño, clavado, muchas noches, lo he soñado antes de que los problemillas se dignasen en aparecer, con lo que va a ser este un sueño, además de recurrente, muy pero que muy premonitorio.



   Repito hoy grupo que puse recientemente. No al descuido sino que estos sonidos tan pausados vienen bien para nuestras almas, en estos trances laborales. 







miércoles, 11 de marzo de 2015



   Bueno.

   Vamos a ver.

   Si queremos que el torero entre ya a matar, una vez que tiene ya al animal más que cansado aburrido, tendrá el escribidor que tomar alguna medida de esas que llaman tácticas. 

   En primer lugar, quizá sea necesario olvidarnos (en la narración y en nuestra propia mente) de la presencia en el lugar de Arturito y de su estado cerebral. 

   También habremos de dejar a un lado tanto la decoración del local como su banda sonora y la iluminación reinante, por ser algo que al Marino le viene obsesionando estos últimos días. 

   Ya que a la memoria tampoco le viene, obviaremos cualquier referencia a la estación o al mes; al ciclo de la luna; al clima también por lo tanto.

   Por adelgazar más el camino y hacerlo así más visible, no nos detendremos de ningún modo en calificativos de cualquier especie y reduciremos los relativos al mínimo. 

   Dejaremos también de pensar en el narrador y el tiempo verbal a utilizar. Ni en la voz o en la dicotomía realismo/fantasía. No utilizaremos ningún punto de vista y argumento... pues tampoco tenemos. No perderemos un segundo, faltaría, en calibrar la profundidad de los personajes ni la velocidad que le impondremos al ritmo. No acotaremos y nos olvidaremos del discurso. 

   Por dejar a un lado, quizá también debamos hacerlo con "las chicas", con lo que se nos acabaría el conflicto.

   A la mierda el suspense.

   Qué locura.