jueves, 30 de enero de 2014

   Una amiga me ha mandado esto. Sin ningún tipo de instrucción ni excusa. ¿Qué se supone que debo hacer, Luis?




miércoles, 29 de enero de 2014

La importancia de llamarse Abelardo

   Hoy, en la comida juntera (rancho) hemos estado, la Pollo y servidora, jugando a los juegos. De ello se desprende que todavía no se ha zambullido demasiado, Lucía, en las revueltas aguas de la adolescencia. 

   Yo intento que se aficione a lo de los juegos. Me los invento sobre la marcha, a cada cual más peregrino. Veo que flojea en cálculo mental (norma general en esta Educación que nos van dejando) así que ahora todos van de dos más dos. Le explico mis trucos, los atajos. Las aproximaciones al múltiplo mayor, el cinco y el cero, las curiosidades del tres, la regla del nueve. A ella le gustan más los de Letras.  Transijo a veces, claro. Hacemos series de nombres de cosas por sus iniciales. Yo le aprieto a que empiece por la zeta y vaya en el sentido contrario a las agujas de la costumbre. Si estás más de cinco segundos sin abrir la boca... punto para el contrario y cambio de turno. 

   Cuando estaba ya rematando mi lista se me ha quedado la lengua pegada al paladar, porque me tocaba un nombre de chico, por la "a", no mencionado con anterioridad. Y hay tantos.

   Joer. En la última bocanada que me ha venido "Abelardo". La Pollo me consiente, así que no la puedo engañar. Abelardo. "¿Tú conoces a algún Abelardo?", me ha preguntado. 

   Sí. A uno. Era el presidente del Comité Superior de Disciplina Deportiva de Castilla y León. Supongo que por ahí habrá hemeroteca que lo confirme. Pulcro, alto y con un talante que daba gusto verle. 

   Si te da por ser así, Abelardo es un nombre que te ayuda a conseguirlo.
   

   ¿Pero qué puede ocurrir si te llamas Abelardo en otros contextos, en otro ecosistema? Bueno. Hubo un jugador del Barcelona con ese nombre. Y el tal Pedro Abelardo y el de la Eloísa.  Pero imagina que eres un chaval con las rodillas peladas en la España de los primeros setenta. En territorio rural, más en concreto.



miércoles, 22 de enero de 2014

Sueño 3

   Lugar indeterminado. Es raro pero no me suena a los que vamos visitando últimamente, mis lugares de la noche. Estoy fumando un cigarro. Volutas hacia el cielo, esos detalles. Veo a una paloma urbanita sobrevolar hacia Levante. La veo como un punto luminoso cuando enfrenta su cuerpo al sol de atardecida y rebota allí la luz. Llevo las gafas. Eso quiere decir que, siendo como es solo una motita resplandeciente, bien pudiera hallarse a más de trescientos metros. La apunto con el dedo y disparo. La alcanzo. El punto se detiene y realiza un perfecto picado. Me miro la punta del dedo. Buena puntería. 



martes, 21 de enero de 2014

¿Son ya las nueve y media?

   Es domingo por la mañana. Charo ya se fue a trabajar y la Pollo duerme. Reina la calma. A veces me da por echarme un cigarro asomado a la ventana. Son como las nueve. Amaneció pues hace ya un rato. El sol todavía no fabrica sombras pero es muy de día. Y aún así, la calma de un domingo. Abajo, en el jardín, los gorriones juguetean entre las ramas del durillo. Cada rato se asoman, para comprobar que el mundo sigue ahí afuera y no acechan mayores peligros. 

   La campana de la iglesia ha sonado. Me he dicho "las nueve y media" pero aún faltaba un buen rato. Pasado un breve espacio de tiempo ha sonado otra vez, como suele hacerlo siempre, con un evidente deseo recordatorio. Varios de los relojes de casa me han desmentido su exactitud. La que iba adelantada era ella.

   Luego, pasados unos alargados segundos, ha vuelto a sonar. Y luego otra vez. Y otra. 

   No soy ducho en toques de campana pero si creo poder reconocer el que convoca a muerto. Este era bastante similar pero mucho más espaciado. Marcelino es el cura. Lleva poco, no llegará al año. Suplió a un relamido preboste con un exceso de pucritud, de esos a los que parece darle asco casi todo. Y bastante encizañador. Marcelino es majo. Campechano, muy normal, si en esto de la normalidad puede haber escalas. Hemos hablado bastantes veces conversaciones plácidas y corridas. Desde que vio que no asistía a sus oficios me habla menos. Se dedica más a su rebaño. 

   Vive en el pueblo, en los apartamentos que hay encima del Trasgu. Aún así, me he preguntado si había sido él el que había accionado el mecanismo para que la campaña sonase. Todo el día de guardia a la espera de sucedidos. No sé. También me he preguntado si existe un toque alternativo, para cuando se anuncia a muerto a primeras horas del día. Que se hace más levemente para no sobresaltar.

   Varias persianas se han levantado espantando a los pájaros. Luego la campana ha dejado de sonar y ha regresado el silencio.



lunes, 20 de enero de 2014

Tiempo de reflexiones

   Un amigo, al que considero persona cabal e inteligente y al que, desde ahora, consideraré también como a alguien valiente, ha escrito en las redes sociales un mea culpa por pensar que "NADA ni NADIE, ni los dioses ni los demonios, pueden ser razones para pasar esa línea de no retorno que supone la violencia". No me parece moco de pavo en estos momentos de euforia. Le he respondido esto, que me viene muy bien para ahorrarme casi entero un gulliver:

   "Tiempo de reflexiones. Yo también me he preguntado estos días por ese deseo que nacía en mí, de asumir como necesaria la violencia para alcanzar algún fin. De justificarla. Pero si eso no venía en mi manual de instrucciones. Luego, quizá como mecanismo de defensa, me han venido a la cocorota otro tipo de violencias, como la que sufre en sus carnes el padre de familia que apenas alcanza a dar alimento a los suyos. O la del empresario déspota que obliga a sus empleados a hacer horas sin cobrar porque lo tomas o lo dejas, o la del político corrupto que mete la mano en una cartera grande que es tuya, y mía, y de todos. O la de... Así he estado mucho rato. Había un montón de violencias. Las había sorpresivas porque no te las esperabas de alguien que predica la paz y promete infiernos. Las había ladinas, que casi ni lo parecían. Las había rastreras. Pero las peores, ya que de todas las demás tenían ingredientes y eran alargadas en el tiempo, infinitas, me han parecido aquellas que inflingían los que tenían el poder y con él la fuerza, contra los que nada tenían para defenderse. Deseo, con todas las fuerzas, que encontremos las maneras de funcionar para que no me den deseos de alentar o al menos de justificar según qué tipos de violencia."

viernes, 17 de enero de 2014

Echando (brevemente) la vista atrás

   Gulliver se encuentra confuso con los últimos pliegos que va escribiendo. 

   Recapitula.


   ¿En qué se ha convertido esto que empezó con unos únicos afanes didácticos, en lo que a la música pop(ular) concierne?  Pronto le dio al marinero por contarte sus vajes. De ahí, por  calentamiento de boca, era fácil llegar a promesas de relatos sicalípticos, pudorosamente sicalípticos, si se vale la contradicción. Casi un recuento de novias y de amigos. Que le llevaron (y a nosotros con él) a otros lugares, a otros puertos. Miserables súplicas de amor que él nos ha intentado colar como batallas donjuanescas, arrogantes y perdonavidas. 

   Para salpimentar el preparado final, va metiendo alguna lechuga entre col y col. Lechugas con pinta de postales tinerfeñas o de breves de la más rabiosa actualidad.

   Y ahora lo de los sueñitos numerados. 

   En fin, Luis, paciencia. 




jueves, 16 de enero de 2014

Sueño 8 (cont.)

   Pero volvamos al sueño aquel, de los cangrejos, que fue impreciso y mezclado, ya que además de la chopera, a la que había que acceder por un intrincado sendero, se unía un aparcamiento por el que no dejaba que llegar e irse gente. Menudo quilombo. Todos venían con sus problemas, te los dejaban allí y se iban tan contentos. Por supuesto que sin hacer caso a tus plegarias de que se quedasen un rato más, hasta que los problemas fuesen encauzados. 

   Ya bastante avanzado el sueño, próximo pues mi despertar (aunque eso entonces no lo sabía), se hizo una especie de paz en el sueño. Me quedé solo con los reteles. Cuando me aburrí, empecé a recorrer el río aguas arriba. Muchas veces saltando de piedra en piedra. Las aguas eran como dicen que son las aguas, cristalinas. Tardé pero al final alcancé el lugar donde había posado sus nasas otro pescador. Resultó ser (cosas que pasan en los sueños) uno que trabaja con nosotros, un ser rastrero, baboso, servil, hablo con conocimiento ya que le conozco desde la niñez. No sé el motivo de que aparezca tanto en mis sueños, siendo así él y no importándome nunca un carajo. 

   Luego llegamos a (¿cómo decirlo?) lo más sueño. Nos encontramos con dos cangrejos. Si, tal cual te cuento. Eran del tamaño de mi perro Tron por lo que sobresalían entre las piedras, al ser el cauce poco profundo. Se movían torpemente, ya que penaban medio envarados. Nos quedamos allí, mirándoles con curiosidad y repugnacia. R empezó a recoger sus aparejos y se fue. Yo no me lo podía creer. Así que también me fui. 

-o-

   La canción de hoy, pese a ser reciente, casi estreno, me retrotrae a tiempos pasados. ¿Será que me recuerda a Cat Stevens?