viernes, 24 de octubre de 2014

   Se deslizaba la barca con sedosa gracia por riachuelos poco profundos. A una orden de la cotorra nos dejamos varar entre los mimbres de una orilla, cerca de donde acampaban unos niños bien pertrechados. Uniformes de campaña, boinas y pañuelo. Tiendas canadienses de tamaño medio-grande, de seis plazas cada una. Tiradas con regla, formando una "U". En el camino de entrada, en la loncha de un chopo, alguien había escrito a fuego: "Campamento Santa María la Mayor".  

   -Aquí se quedó una historia a medio contar- me conminó la lora con gesto de pocos amigos. 

   Y eso es lo que me propongo hacer, ir remachando lo que ya eran remiendos, en nuestro camino de regreso.

   Pero no será antes de mañana. 








jueves, 23 de octubre de 2014

Desandando caminos

   Pues sí, ya iba siendo hora. Que te has dejado ir y mira dónde hemos llegado a parar, Garbancito. Menos mal que eres mirado y fuiste sembrando el camino de pequeños cantos.



   Dejamos que el Proud Mary navegue a favor de corriente, a su pairo, arrastrada suavemente, el velamen recogido en los palos. No son aguas bravas las que nos toca singlar.

   Perezosos, contemplamos las orillas en una observación placentera, despreocupada. Prisa no tenemos, tarde no es.    



   En la verga del juanete mayor ha anidado una cotorra. Parece contenta allí. Solo desciende a cubierta a las horas de las comidas y cuando advierte que pasamos por lugares en los que dejamos historias a medio avanzar. Ella, resabida, mostrando ufana su penacho, nos las va contando. 

miércoles, 22 de octubre de 2014

martes, 21 de octubre de 2014

Cruel asesinato de un resumen breve

   Ya que tendría que ir desmigando de a poquitos todas las sensaciones recordadas mientras mis compañeros ojeaban cada palmo de terreno en busca de los apreciados edulis. Pero es que entonces no sería breve el resumen. Lo más probable es que ni fuese ya resumen sino copla o romanza. 

   Así que le defenestro, al resumen, solo parándome a hablar de lo cerquita del cielo que uno se veía en el refugio construido en el pico del monte, y de lo solo que se puede encontrar un chaval en plena naturaleza, a esos años. 

   Sí, buitres y águilas volaban en cota menor que la mía, así que les veía por arriba, algo entonces inusual y que de veras daba mucha impresión. 

   Allí aprendí a cocinar con economía de medios. Allí aprendí a pasar miedo. Vi relámpagos zigzaguear por el suelo a escasos metros de mi guarida, el cielo casi apagado por la tormenta. Llegaba antes el trueno que el rayo, por así decirlo. 

   Lanzaba aullidos a los valles, desgarrados, sin motivo. Y los valles siempre me sorprendían. 

   Jugaba a ser niño bosque. Perseguía durante horas a una manada de trotones. Me subí del pueblo una teja para cocinar allí los hongos. 

   Leía y leía y leía, sin guardar de ello nada en el recuerdo. 

   Allí busqué el amor y lo encontré. Un amor largo y de poco compromiso. Un serrana delgada y con la nariz puntiaguda. Los ojos siempre brillantes. Las manos enrojecidas por trabajar. Solo nos veíamos por la noche.

   Hasta que, año tras año, regresaba justo para empezar las clases. Pareces venezolano, me decían. No sé si en su vida habrían visto a uno. Pero es que volvía renegrido, asalvajado, con el pelo sin cortar desde hacía meses. Quizá con la piel un poco más dura.









lunes, 20 de octubre de 2014

Resumen breve de una adolescencia estival

   Cuando lo cuento nadie se cree que fuera a aquella edad pero mi padre funcionaba así. Supongo que era lo más parecido a un curso para la inmersión en la vida que se podían permitir en casa. Así que a la tierna edad de 14 años (tengo correspondencia que lo atestigua) me dijo que (si me apetecía) cogiera unos libros y la bici y me subiera a un coche de La Serrana (la bicicleta izada no se sabe cómo y atada de cualquier forma a la baca del autocar). 

   [Creo que es la primera vez que escribo "baca" con conocimiento de causa. Otro motivo para festejar.]

   Se trataba, no entendí muy bien, de trabajar ese verano de vigilante de incendios, ya que si lo podían hacer los sobrinos del ingeniero su hijo también tenía derecho. No me explicó mucho más por ser aquello complicado de ir desarrollando en un periodo no exagerado de tiempo y porque ya me iría yo enterando. 

   Como soy un sincerebro, no me haría de rogar. 

   Al menos sí que me previno para que le avisase al conductor que pretendía yo bajarme en la Casa de la Vega, entre los dos Huertas (de Abajo y de Arriba), donde no había parada oficial, y que una vez allí preguntase por Jesús, el Guarda. No me advirtió, en cambio, o yo al menos no tengo recuerdo, de que lo más probable era que el dicho guarda apareciese allí con una tajada como un piano. Era alcohólico de manual. De esos que se encastañan con medio vaso de vino. Y esto siempre complica las cosas. 

   La familia, sin embargo, un primor. Me acogieron como a uno más, o mejor aún, dada la evidente caraja que llevaba pintada en la cara. Madre abnegada porque a la fuerza ahorcan y cuatro chavales y una muchacha dignos de encomio. Era la hora de cenar pero como estaban de fiestas del pueblo, lo resolvieron con gruesas lonjas de jamón serrano serrano, y que valga la redundancia. 

   En aras de la brevedad de este resumen, no te voy a contar de aquella primera noche aunque no descarto hacerlo en mejor ocasión. Solo te diré que ya ese día conocí a BB, por poner únicamente las iniciales, que (¿cómo no?) ejercía de camarera ocasional de la peña del pueblo y a la que no muchos años después fui a buscar sin éxito a Bruselas. No había entonces móviles así que quedamos antes por correspondencia. Tal día a tal hora en la embajada de España allí. Ignorantes, desconocíamos que ya entonces había más de una docena de edificios con consulados, oficinas y departamentos pertenecientes a ese organismo, repartidos por toda la ciudad. Esperamos a la puerta del que nos pareció más significativo, mi amigo Santos y yo, una mañana de veras invernal.






viernes, 17 de octubre de 2014

Nada importa

   Qué más da "facilidades" que "felicidades". "En ira bona" que cualquier otra cosa. De fidelidades también hemos hablado pero uno de los tres no se ha dado cuenta. 

   Luego he venido a casa y me sale esta canción. Que te he mandado por correo ya que en el YouTube, pues no estaba. 




   Ayer, de setas, en ese retorno al pasado, inmersión o directamente zambullida, decidí no escribirte para hoy lo que tocaba, que era el intento de tomar el camino de regreso, pasito a paso. En cambio (háganse oír, timbales y clarines), me dispongo a rizar un poco más el rizo, no tirando del hilo por ir viendo las dobleces sino enmarañándolo más. ¿Será esto posible?

   Y únicamente por jugar con tu paciencia y por que se sepa.










jueves, 16 de octubre de 2014

Bricolaje

   Me ha venido bien este puentecito que nos hemos tomado aquí en el gulliver. Para pensar, pero de otra manera. 

   He hecho algo de bricolaje por casa. Lijar tablas, pintarlas. Me ha quedado un pequeño mueble con pinta de flotar en el espacio. Con uno cajoncitos para meter la correa de TroN y las llaves de los vecinos. 

   Bien cierto es que usar las manos ayuda a pensar, pero de otra manera. 

   Un día me voy a poner a contar todas las maneras que hay de pensar.