Andaban todavía a vueltas con cómo había de ser la vida. La chica pregonaba que cuanto más mejor. El chico la escuchaba encantado aunque en sus adentros un comecome le arañaba en la barriga. No fuese a ser que de tanto...
viernes, 30 de octubre de 2015
Los chicos, a la orilla del río.
No eran pero que nada nítidas las imágenes que los dos chicos veían en aquella noche oscura, a las orillas de río Pisuerga. Aumentaba la ceguera el contraste con las luces no muy lejanas de las farolas, de los escaparates. Las luces como faros de los coches, que aparecían y se iban.
Andaban todavía a vueltas con cómo había de ser la vida. La chica pregonaba que cuanto más mejor. El chico la escuchaba encantado aunque en sus adentros un comecome le arañaba en la barriga. No fuese a ser que de tanto...
Andaban todavía a vueltas con cómo había de ser la vida. La chica pregonaba que cuanto más mejor. El chico la escuchaba encantado aunque en sus adentros un comecome le arañaba en la barriga. No fuese a ser que de tanto...
jueves, 29 de octubre de 2015
Las imágenes, decíamos. Me acabo de encontrar en el cajón un fajo de fotos que Brad Pitt le sacó a su preciosa mujer. Algunas me han gustado mucho.
Y de ahí, claro, no va nada para que se embarque Gulliver en otro viaje hacia el infinito. Y subido al mascarón de su nave, a horcajadas, claro, sentirse el ser más feliz de la tierra. Qué maravilla poder ver. Percibir las distancias, los tonos, las formas... Las formas de los objetos, tan nítidas. O las irregulares (¿antigeométricas?) de lo desconocido.
Es un gran invento esto de la vista. Qué mundo este.
Me regalaste, con trampas, tres días de ociosidad y ya ves que te los he aceptado.
Pero vuelvo a la carga, que ya, a estas alturas, es más bien descarga.
Y de ahí, claro, no va nada para que se embarque Gulliver en otro viaje hacia el infinito. Y subido al mascarón de su nave, a horcajadas, claro, sentirse el ser más feliz de la tierra. Qué maravilla poder ver. Percibir las distancias, los tonos, las formas... Las formas de los objetos, tan nítidas. O las irregulares (¿antigeométricas?) de lo desconocido.
Es un gran invento esto de la vista. Qué mundo este.
Me regalaste, con trampas, tres días de ociosidad y ya ves que te los he aceptado.
Pero vuelvo a la carga, que ya, a estas alturas, es más bien descarga.
viernes, 23 de octubre de 2015
Las imágenes son como ventanas o incluso agujeros negros, transportadores en el espacio y en el tiempo.
Lo mismo te llevan al Berlín de los 30 que a una cena familiar del mafioso local.
Como también se valen los dibujos, podemos llegar por esas ventanas a las imaginaciones de gente a lo que nos gustaría (o no) conocer.
Yo una vez me asomé a un paisaje marino con chica y de casi que no vuelvo.
jueves, 22 de octubre de 2015
Las imágenes
Las imágenes tienen más predicamento que las canciones entre el público asistente. Muchos preguntan por el truco. Y no hay. Solo que Gulliver tiene un cajonazo de fotos que nunca supo de dónde salieron. Apareció un día el cajón en su camarote. En su despiste, se chocaría contra él con los pies descalzos. Y se cagaría en la puta, claro.
Había también filminas. Estas eran todas del mismo autor, eso se notaba con solo mirarlas al trasluz.
El Marino se sienta a escribir. Nunca sabe qué contará. Anda por ahí un hilo argumental al que asirse bien que mal.
Cuando ya lleva un rato le duele un poco la espalda (no, ya no es el muchacho que quiere ser). Entonces se levanta con torpeza y se estira como los galgos (qué buen día de caza).
Abre la tapa del cajón de las fotos y elige a voleo la zona donde meter la mano y entresacar un puñado.
Como cree que existía un orden previo en las instantáneas, posiblemente cronológico, intenta, una vez ha optado por una, devolver el resto al mismo lugar. Pero como por su propia presión, una vez sacado el manojo, se han apretado marciales las filas y no queda rasgo de agujero, el resarcimiento es solo aproximado.
Había también filminas. Estas eran todas del mismo autor, eso se notaba con solo mirarlas al trasluz.
El Marino se sienta a escribir. Nunca sabe qué contará. Anda por ahí un hilo argumental al que asirse bien que mal.
Cuando ya lleva un rato le duele un poco la espalda (no, ya no es el muchacho que quiere ser). Entonces se levanta con torpeza y se estira como los galgos (qué buen día de caza).
Abre la tapa del cajón de las fotos y elige a voleo la zona donde meter la mano y entresacar un puñado.
Como cree que existía un orden previo en las instantáneas, posiblemente cronológico, intenta, una vez ha optado por una, devolver el resto al mismo lugar. Pero como por su propia presión, una vez sacado el manojo, se han apretado marciales las filas y no queda rasgo de agujero, el resarcimiento es solo aproximado.
miércoles, 21 de octubre de 2015
Es fácil
Le es fácil a Gulliver escribir en esta bitácora. A la vista está, que en nada cumplimos tres añitos.
Siempre sirven de ayuda las imágenes (que recorta el muchacho con unas tijeritas y el pico de la lengua asomando entre los dientes, habiendo calculado previamente el tamaño del hueco, y que, luego, pega aquí).
O la canción. También ayuda la canción.
Siempre sirven de ayuda las imágenes (que recorta el muchacho con unas tijeritas y el pico de la lengua asomando entre los dientes, habiendo calculado previamente el tamaño del hueco, y que, luego, pega aquí).
O la canción. También ayuda la canción.
martes, 20 de octubre de 2015
Puros nervios
Aquel día que bajaban por la calle empinadita cercana al Patio Herreriano, aquel en que le preguntó por qué, a veces, no caminaban como todo el mundo, la muchacha se sintió ofendida. Y, siendo como era la muchacha, no podía saberse si se había ofendido de verdad o todo era la broma del infinito juego de la vida. Y eso tenía también mucha importancia, ya que las ofensas, tanto sinceras como inventadas, también detentan una potestad fractal, y unas llevan a otras multiplicado por tres, al menos. Con las consecuencias que todo ello conlleva. Purititos nervios, el Marino.
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