Calcula que tengo unos veinte minutos para perpetrar ese Gulliver. Calcula que te tengo que buscar una fotito guapa. (Ya`sta, vide supra, melancholy).
Lo malo o lo peor es que además necesito que se me ocurra algún pedazo de vida que no te haya ya contado y me van quedando pocos. Igual obviamos. Tic tac tic tac.
Luego, elegir canción. Que encima no quiero coger ninguna de las de la faldriquera, al creerme yo que esas ya tienen su historia acoplada, para contar despacio y con más de esmero.
Calcula que dentro de nada (18 minutos y bajando) Charo me dirá que si no es hora de perpetrar la cena, con mi hermana de desgustadora oficial. Cena fina y saludable, que no le prescribieron pero que no sea por mi culpa que ulcere su colon, que me imagino y no quiero ni imaginarme que eso es lo que les pasa a los que tienen colitis ulcerosa.
Desecho los pimientos y las "especies". El tomate en dosis bajas y sin elaborar. Ay, ay, ay, qué nervios. 16, 15, 14 minutos. Menos mal que hay una platusas que hacer sin mucho mérito pero con gran dignidad. Recuerda, recuerda, conejo, ¿no eran las platijas el pescado odiado? No. No. Era toooooodo el pescado pero sobre todos ellos el que va con salsa verde. Aunque creo que con la edad cambió de paladar. Me arriesgo. Además, seguro que la Pollo se divierte cuando cuentes que la platusa o platija o gallo es un pez que es como la luna, al tener los dos ojos en el mismo lado de su cara no oculta y a partir de ahí, seguro que la conversación ya deriva hacia lo astrológico o hacia lo humorístico y lo esperpéntico y lo peor es que te quedan 12 minutos. El tiempo apremia. Nada, nada, platusa.
Cierro lo ojos. One, two, three. You need a speedy song. Couldn't you remember one? No te fíes del inglés de mi conciencia. Es todo de pega y si cuela, cuela. Siguen pasando los minutos tan rápido que el corazón se acelera quizá demasiado.
Oh. Un recuerdo con más pinta de revelación. Como en sueños. Claro. Son los R.E.M.Rapid eye movement. Un estado del sueño en la que los ojos giran en sus globos a toda la hostia. Los párpados cerrados, tan solo se abultan sobrecogidos por un iris sediento de luz. (Ocho, siete, seis) El cerebro bulle y los sueños se multiplican.
- ¿Qué preguntarse, en tan situación?
-¿En qué situación?- pregunta Conejo.
Cuatro, tres, dos...
Es el final del mundo tal y como nosotros le conocemos.
Es el final del mundo pero a nosotros que nos importa.
Un día, bicheando en youtube, encontré por casualidad este jolgorio. He de reconocer que el carácter festivo de la canción y sobre todo la trompetilla pachanguera que la acompaña no hace de esta una demostración de cultura elevada. Pero sí que habla mucho de una cierta manera de tomarse la vida.
La perpretra el camarero para la ocasión con el horripilante nombre de Daniel Higiénico. Le acompaña al otro lado de la barra Miguelito "Lichis". Del Higiénico no he querido escuchar más pero Lichis es un habitual en la banda sonora de nuestros viajes dominicales a Tordueles. La Pollo se las sabe todas. Es el alma mater de una banda con el medio cinéfilo nombre de La Cabra Mecánica. Se hizo este grupo famoso con una canción a pachas con la grande de María Jiménez. Sí, aquella lista de la compraque nos estuvo dando la brasa todo un verano. ¿Por qué nos gusta a Lucía y a mí este tipo de música? Lo primero, porque son canciones cantadas en español, lo que facilita bastante su interpretación. Y también porque estas letras tienen desparpajo, su dosis de humor gordo y su poquito de poesía. Puro entretenimiento, que a veces viene muy bien. Para tomarse la vida no muy en serio, que cada vez estoy más convencido que es la manera correcta de tomarse la vida.
Ahora Lichis se ha retirado de La Cabra y lleva un tiempo prometiendo regresar con el nombre de Miguelito, al frente de una banda de blues. Estoy seguro que no será un blues al uso, sino tirando a castizo y chulapón. Mientras esperamos, te propongo esta canción, que puede tomarse como un resumen bastante exacto de su filosofía. Felicidad, así, con mayúscula.
Las canciones, hasta llegar hasta uno, recorren curiosos vericuetos, la mayoría de las veces desconocidos para mí. Sólo puedo observar el tramo final que recorren. A eso es a lo que llamo "las referencias". Otro tanto ocurre con los libros o con las películas. De hecho, tú has pasado a ser mi principal referencia en lo de las pelis y una bastante crucial con la literatura. Por lo que mi agradecimiento será eterno.
Con la música lo tengo ahora más difícil. Siempre está mi hermano pero nuestra comunicación es... llamémosla poco fluida en estos últimos tiempos. También están otros amigos pero no es grande ahora el tiempo que suelen dedicarla, con lo que los tesoros escasean. Además, algunos se han especializado. Por ejemplo, Guillermo, ese como tú "getresero" con el que comparto a veces el desayuno, tira por el heavy más duro con lo que nuestros gustos no se solapan. He de decir, además y ahora que no nos oye, que me da a mí que es un connoisseur que torea de salón, no sé si me entiendes. Al leonés Jimmy, con el que tanto he compartido también en lo musical, le dio recién regresado a sus raíces por aprender al autodidacta modo a tocar la guitarra y aunque alguna que otra cosa me descubre, tiró de lleno por el blues clásico y a mí, para un rato me encanta Otis Redding pero... En fin, otra referencia que cojea.
A la radio, sobre todo Radio3, antaño fuente inagotable donde saciar mi sed musical, la tengo ultimamente un poco bastante abandonada. Empezaron a cambiarme los programas de referencia o que no coincidían sus horarios con los míos.Y es difícil engancharse de nuevo, una vez alejado.
También he abandonado las revistas especializadas. O porque se han requetespecializado (caso de Ruta66) o porque se volvieron descaradamente comerciales (¿qué fue de aquella Rolling Stone?) o porque me abrumaban con cientos de grupillos entre los que era realmente costoso encontrar maravillas (RockdeLuxe es un buen ejemplo).
Para empeorar la situación, El País dejó de publicar su Tentaciones, que sin llegar a ser biblia me descubrió bastante buena música.
¿Qué nos queda, entonces, desolado Gulliver? No solloces, no gimotees. Aún guardamos ases en la manga del esmoquin.
Lo primero que miro cuando compro la prensa del sábado es la antepenúltima página del Babelia, donde a veces...Y luego existe esa fructífera máxima que dice que unas cosas llevan a otras, tú bien lo sabes.
Pero se me volvieron a ir las peteneras. Ya que hoy, con esto de las referencias quería hablarte de un amigo que dejó de serlo. Y de la manera más tonta, además. Quique. Buena gente. Incapaz de hacer daño a nadie. Ojos tristemente azulados. Bajo, una constitución que se podría comparar a la de Xavi o Iniesta. Quizá mejor a este último, ya que la alopecia se apoderó de él bien temprano. También le gustaba el fútbol y era un estudiante muy brillante. Mira sí sería inteligente que con los mil duros (de los de entonces, claro) que su madre le daba por dejar de fumar lo que hacía era comprarse música. Siempre anduvo bien de dinero que compartía sin remordimientos. Era uno de los de la Pandilla Caribe, un verdadero loco del Diomedes Díaz del que hablaba yo hace unos días.
Era para mí el amigo para toda la vida. Conversación ágil, variada y suculenta. Sentido del humor más que fino. Entusiasta de casi todo.
Le conocí en el Instituto Cardenal López de Mendoza. No le iba ser de los gamberros pero con ellos iba. Y yo también, que resultaban nocivos como compañía pero de lo más divertido. Cuando salíamos a tomar unas copas y los demás entraban en la fase "vamos a pillar braguita" (así decían muy literal y gráficamente) el Quique y yo nos despistábamos y buscábamos lugares tranquilos y con buena música.
Porque resulta que sí, Quique ha sido mi mayor fuente de descubrimientos musicales. No sé dónde encontraba semejantes grupos. Era todo un apasionado. Llegó a tener un equipo con unos altavoces que se posaban en unas bases que pesaban un huevo, compuestas de cinco capas de diferentes arenas, para evitar las vibraciones creo yo.
Después de tanto describir, se me ha olvidado decirte su característica más notable, que, como otras veces, sospecho que ya puedes haber adivinado. Quique era un tremendo tímido. Y eso fue lo que le mató, en cuanto se refiere a su relación con nuestro mundo.
Empezó a alejarse como por fases, por grupos. Le hartaba Nacho, le aburrían las gracias de Carlos, le molestaba la prepotencia de Pepe... me lo iba contando y yo, mucho antes de que ocurriese, ya me temía que no iba a tardar en llegar el momento en que el que le aburriese, le molestase y le hartase iba a ser servidora. Y así fue. Le estuvimos dando la brasa ni se sabe la de tiempo. No contestaba a las llamadas, huía de nuestros recorridos como de la peste. Después se fue a trabajar a Madrid, cerca del Calderón. Me consta que lo pasó mal. Salía poco y cuando lo hacía era con sus primos, que tenían quince años menos que él. Le veíamos poco y era conversación obligada en todas las reuniones. Después no adelgazó, enflaqueció. Se dedicó al deporte al máximo. Cientos de largos diarios en piscina olímpica. Gimnasio y más gimnasio. Y un par de años más tarde, senderismo de riesgo. Estaba cadavérico pero fibroso. Ni quiero imaginarme cómo las pasaría en una movida por el Nepal, en la que en la segunda de las ocho etapas programadas le dio el mal de altura y tuvo que ser abandonado por sus compañeros a más de cinco mil metros de altura y con un sherpa que no sabía inglés. Ah. El bueno de Quique. Hace años que ni le veo. Pero aún cuando ya estaba toda la comunicación con todos más que rota, no dejaba de mandarme de ciento en viento un correo electrónico, prácticamente compuesto con largas listas de lo mejor que había oído y visto, ya que también era un cinéfilo de cojones. Decenas de referencias que encima comentaba, sí, escuetamente, pero que a mí me sabían a gloria bendita. Luego, también era previsible, los correos empezaron a espaciarse en el tiempo y... ya te digo, años sin saber de él.
Así que la canción que hoy incluimos quiere ser un pequeño homenaje a tan sana persona, con el deseo grande de que le vaya muy bien.
¡Señoras, señores! ¡Con todos ustedes... los Violent Femmes!
Pese a todo es bueno seguir soñando.
Y aunque la sabiduría popular nos dice que de ilusiones vive el tonto de los cojones y el grupo de hoy tire por la misma línea, yo sigo siendo ese pequeño estúpido soñador del que hablan. Todo sea por Lucía.
Dibujo de Walter Toscano, publicado en la revista peruana de arte gráfico internacional PERROKALATO
En mi duodécimo cumpleaños recibí de mi hermana Bego un regalo que me hizo mucha ilusión. Era el primer disco sin estrenar que me regalaban. Ya tenía yo alguno de los descartes o duplicados de Rodolfo y alguno también de ella. Yes, Jethro Tull, quizá Pink Floyd. También Deep Purple. Se ve que se llevaba en aquellos últimos 60's el rock progresivo o sinfónico. Aquel regalo iba en la misma onda, aunque me pareció más.... no sé, quizá más cercano.
He elegido para ponerte el single, por ser la canción que más me gusta aunque el disco estuviese repleto de muy buenas canciones. No existían los rellenos en aquellos tiempos en los que costaba un huevo grabar cada tema.
Y he elegido para ofrecerte un vídeo casi actual que canta (en un falsete que vas a odiar nada más empezar a oír, me temo, pero así es de dura la vida musical, en sus inicios), que canta, decía, Roger Hodgson, autor del tema. Suena prácticamente igual que la versión original pero en el rostro han quedado marcadas nada menos que las huellas del tiempo.
Al año siguiente, Supertramp editó otro estupendo disco que sembró y aún sigue sembrando un mar de dudas. Crisis? What crisis? Pero aquí, en nuestro innato buenismo, seguimos y seguiremos soñando.
Seguimos en la misma línea, versionando. Quizá se deba a que ando sin balas en la recámara, por falta de tiempo, no de candidatos, por lo que me temo que los próximos gulliveres van a salir entre mustios y apresurados. Aquello de la ausencia de chicha. Pero no cejo en mi intento de que consumas, como con esos ya famosos plátanos tuyos, uno al día, al menos los laborables. Aunque a veces, a menudo, me asaltan las dudas de si estos intentos de que te sumerjas en la música moderna sirven para algo más que obligarme a escribir mis chorradas. Pero que no cunda el desánimo, caso omiso al desaliento.
Hoy te traigo un éxito relativamente reciente, que conocerás más que de sobra. Año 2006. La hoy ya malograda Amy Winehouse edita un álbum con el sugerente nombre de Back to black (volver a lo negro). Millones de ventas, montoneras de grammies. Una canción destaca sobre el resto. Tiene un título sarcástico. Rehab, que es la abreviatura anglosajona al término "rehabilitación". Moriría cinco años después, sin haberse rehabilitado nada de nada. Moría a los 27 años, edad ya casi establecida para que se mueran los mitos, esos que dejan cadáveres hermosos y patatín. Así lo hicieron Brian Jones, Hendrix, Janis, Morrison, Corbain. Unos con más intencionalidad que otros pero todos con un montón de mierda en las venas. Con la Winehouse pasará lo mismo que con el resto. Reediciones, rarezas, nunca faltarán rosas en su tumba. Sin ir más lejos, acaban de sacar el ya típico At the BBC (aunque la cadena no pase por sus mejores momentos, estas así conocidas suelen ser recopilaciones de las actuaciones en sus programas hechas con gran calidad). A mí, con esta mujer me pasa como con muchas otras, aunque no sean estrellas tan rutilantes. Me parece que tiene una fealdad pero que muy bella. Incluso cuando deambulaba y se despatarraba por el escenario, más borracha que un lemur y con el cardado a lo Marge Simpson temblando de puro vértigo en su cabeza. Corren infinidad de vídeos por la red de tan penosos momentazos pero no creo que este sea el lugar apropiado para darles mayor difusión. Sí que incluyo, en cambio, el vídeo oficial de la canción.
Mas, claro, hablábamos (en este estricto monólogo) de versiones y a ello iba. Y de hecho a ello voy. Y lo hago con un extraño juego de espejos. La misma canción pero en vez de bella durmiente (más bien bella difunta) salen a la palestra unos eternos moribundos, más feos que el granadino Picio, con pinta de haberse bebido y fumado varias cosechas, pero de un modo mucho más pausado y saludable, lo que les de ese aspecto de entre inmortales y que la van a palmar en el próximo cuarto de hora. Responden al preciso nombre de los Joviales Muchachos y tienen un maravilloso disco de grandes versiones en clave de reggae. Clásicos de Blondie, de Lou Reed, de Steely Dan, de New Order, de los ya aquí conocidos The Stranglers, de Iggy Pop... Con todos ustedes, desde Jamaica... The Jolly Boys.
...y ya estaba tardando. Calculo, bastante a ojo, bien es cierto, que más del 99% de la música que se hace hoy utiliza cacharretes digitales en su confección. Pero por "electrónica" se entiende, en este mundillo, estrictamente, aquella en la que mandan abrumadoramente los sonidos enlatados, slaps, samplers, repeticiones...
En el ancho y variado universo musical me precio en despreciar solo dos tipos de música. El heavy más heavy (trash, speed, doom y un larguísimo etcétera) y la electrónica más electrónica. Peeeero siempre hay excepciones, cómo no. Por aquello de mi inconsecuencia y porque uno no es dueño de sí mismo, por más que así lo crea. Y sonará en este país música dura, casi casi heavy metal. Sobre todo los clásicos y cositas de ahora que son más rock duro que las músicas que le gustan a la camarera Pamela. Y también se colará, por tocar todos los palos, la electrónica. Eso sí, a sorbitos.
Es el caso que hoy te traigo. Una versión de un clásico. Versión juguetona y pegadiza. Quizá por eso entre aquí. El original lo cantaba el pirado de James Browne, entre paliza y paliza a su mujer. Tanto el original como esta invitan al baile. No te reprimas, lo digo en serio. Es buenísimo para la salud física y mental.
Esta larga canción la utilicé para confeccionar un apañado powerpoint, como fondo sonoro a una serie de fotografías que iba yo tomando, todas en Burgos, en las que mandaba el color rojo, ya ves qué cosas. Una vez terminado iba a envolverlo en papel celofán y ofrecérselo a dueños de pubs y así, para hacer dinero con "mi arte". Pero como con casi todo, no lo rematé. Y por ahí anda, en la barriga de mi ordenador, hibernando en espera de tiempos mejores. Así empezaba la historia, en blanco y negro, por aquello de epatar.
Para rematar este Gulliver te incluyo alguna de las fotos que iban en el trabajo, por si me quieres dar tu opinión (feedback, soy feedback).
Enlazando: - otra canción para bailar (anímate, anímate) - que además ha sido muyyyy banda sonora - y encima requeteversionada (desde los Foo Fingers hasta Mina, desde Nirvana hasta el español Javier Álvarez o los argentinos Pericos). Eso sí, nada que ver con la electrónica de ayer. Es puritito R&R. De principios de los 80. La única pega (por más que esta sea grande) es que junto al pasodoble Suspiros de España forma parte de la sintonía de entrada del programa matutino de radio de Federico Jiménez Losantos. Nobody is perfect. Pero hagamos un poco de historia, para que no se nos vaya la moral abajo. Parece ser que el autor (que por entonces aún no formaba parte de The Knack, grupo que la interpreta) tenía una novia de 17 años que se llamaba así. Sharona. Qué potencia de novia con ese nombre y con esa edad, ¿no? La canción es muy reconocible gracias a su ostinato. A mí me trae recuerdos del Resti, bar que aún existe, el más cercano a mi morada de entonces, morada paterna, en la calle Alhóndiga. La poníamos y la volvíamos a poner en la gramola que presidía el bar. Los dueños (dos hermanos y una hermana, hijos, creo recordar, de Restituto) era el prototipo de la sosez. Panes sin sal a más no poder. Pero desde los amplios ventanales del local podíamos ver sin ser vistos a un montón de chavalas que salían de Magisterio, con las carpetas tapándose sus pudores. Ay, qué tiempos.
Elijo este vídeo para que veas que aunque las estéticas estén más pasadas que la Chungi la canción todavía se sostiene.
Dado que va de pelis y como soy un eterno adolescente, perenne, Peter Pan feo, de barrio y de provincias, me encantó ver a mi adorada Winona, que baila como se debe bailar el tema (ah, el baile, ay, mi ladrona Winona, qué no le haría). Si quieres ver cómo se baila esta canción, no tienes más que pulsar aquí.
Eso sí, lo que más me gustó de la peli fue cómo define Ethan no sé qué concepto a petición de la Ryder. Ya no me acuerdo cuál era pero me encanto la presteza y la precisión.